/ Jul 24, 2026
El panteón, proyectado en 1912 y ejecutado hacia 1913, está declarado Bien de Interés Patrimonial desde mayo de 2018 y recibe cada año visitas de colegios profesionales de arquitectura.
La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Guadalajara aprobó esta semana, por unanimidad, la extinción del derecho funerario sobre el Panteón de la Fundación Cuesta, situado en el Patio de Santa Ana del Cementerio Municipal. Con este acuerdo, el Ayuntamiento recupera la plena disponibilidad jurídica de la unidad de enterramiento y asume el compromiso de destinarla íntegramente a fines de conservación y protección patrimonial, según ha informado el propio consistorio.
El conjunto escultórico es uno de los más sobresalientes del camposanto. Tallado en mármol blanco, representa a tres figuras que atraviesan un umbral guiadas por la Muerte, una alegoría del tránsito al más allá concebida para ser contemplada desde distintos ángulos. Destaca por el dominio del escorzo y por el empleo de la técnica del paño mojado, recurso heredado de la tradición clásica y barroca que revela la anatomía con un naturalismo extraordinario. El proyecto correspondió al arquitecto municipal Ramón Cura. Aunque durante años se atribuyó la autoría de la escultura a Manuel Garnelo, la revisión de la documentación disponible apunta hoy, de forma más fundamentada, al escultor José Garnelo y Alda.
El panteón figura expresamente entre los elementos protegidos en el expediente de declaración de Bien de Interés Patrimonial de los Patios de Nuestra Señora de la Antigua, Nuestra Señora de la Soledad y Santa Ana, incoado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en 2017 y resuelto favorablemente en mayo de 2018. Esa resolución obliga a conservar íntegramente el monumento y marcará el trabajo que el Ayuntamiento tiene por delante.
El panteón lleva el nombre de Francisco Cuesta, uno de los principales maestros de obras y contratistas de la Guadalajara de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su actividad fue decisiva en la transformación urbana del ensanche de la ciudad entre 1890 y 1925, con la construcción de viviendas burguesas y edificios civiles junto a arquitectos como el propio Ramón Cura, Velázquez Bosco o Antonio Vázquez de Figueroa. A su muerte, Cuesta destinó en testamento una parte sustancial de su patrimonio a estructuras de beneficencia para la ciudad, un gesto que explica que hoy una calle del casco urbano lleve su nombre.
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